Siempre recordé aquella vez que me fui a entrevistar al Gerente de una empresa Automotriz, para hacer un informe sobre el mercado vehicular y me lo encuentro a Pedrito y le dije hola y me respondió hola aquí viniendo a comprar una llanta como si fuera su pata, con sus ojazos tan lindos y su cabello ensortijado. Le dije, nos podemos tomar una foto y me dijo claro. Fue un momento bonito, muy bonito.
Pedro Suárez Vertiz fue un prodigio del pop rock peruano contemporáneo. Lo escuché en conciertos, lo veías caminar como cualquier vecino por las calles de San Isidro, pura energía; en entrevistas era un locazo relajado, con sus respuestas filosóficas sobre la vida, opinaba sobre diversidad de temas, era único. Y con su inigualable cabellera negra ondulada … su genialidad en tocar piano, guitarra y más.
Músico, compositor, cantante, productor, escritor; un emprendedor y profesional peruano de la música y creyente de Dios y amante de la familia. Se elevó literalmente -como en una de sus canciones-, al cielo, por siempre Pedro.
