«Hoy 24 de junio se celebra en Perú el día del campesino, del agricultor que se levanta antes que cante el gallo a comenzar su día y trabaja con amor la tierra que siembra, cuida y cosecha para que usted estimado lector y yo nos alimentemos día a día»
El Perú, es una de las principales despensas del mundo, sus fértiles tierras hacen posible que crezcan frutos de toda variedad, color, textura, sabor y con infinidad de propiedades alimenticias.
A lo largo de nuestras tres regiones, Costa, Sierra y Selva mujeres y hombres de campo siembran, cosechan, empacan y despachan los alimentos que llegan frescos a todos los pueblos y capitales del país; aquí en Perú estimado lector el peruano tiene el privilegio de comer productos frescos.
Y exportamos súper alimentos como la quinua, blueberries, maca, maíz morado, kiwicha, cacao y más a Europa, Norteamérica y Asia donde el consumidor común y grandes cocineros sucumben con el sabor y aroma de nuestros maravillosos frutos.
Mejores Condiciones de Vida
Sin embargo la otra cara de la moneda es el agricultor peruano olvidado, si señores, aquel agricultor que necesita de políticas que lo ayuden a crecer; que le brinden créditos, asesoramiento técnico para mejorar sus cultivos, como también acceder a los sistemas de educación y salud pública.
Al respecto, resulta increíble que mucho agricultor peruano y sus hijos sean analfabetas y que cada año por las heladas, por ejemplo, mueran de neumonía sus niños y ancianos por falta de una posta médica en su pueblo y lo peor es que siendo agricultores estén en condiciones de desnutrición, esa situación ¡no tiene justificación alguna!

Obtener un pago digno por su cosecha, es otra de las problemáticas del campesino, que forma parte de una desalineada e injusta cadena de comercialización: en pleno siglo 21, el pequeño agricultor es el que menos gana.
El denominado «comercio justo» es un derecho que cada agricultor peruano y latinoamericano debe tener y no ser considerado como una novedad, una creación o «moda» y por su parte los grandes mercados y supermercados tienen también la obligación de ofrecer precios razonables y no justificarse con el tema del libre mercado cobrando precios excesivos al consumidor final.

Cabe agregar que la crisis económica que estamos atravesando debido a la pandemia, debe servir para que el Gobierno y sus instituciones, además de la empresa privada promuevan el consumo interno del campo a la mesa con precios justos, donde todos nos beneficiemos.
