ROSA BARRIONUEVO DE POMAREDANunca pude expresar en su momento, muchos de los sentimientos que me produjo la partida de mi mami(toda la vida la llame asi), sin embargo hoy quiero exteriorizar a través de esta prosa algo de lo que sentí y quizás tengo guardado en mi corazón. Mi mami se fue un 21 de noviembre de 1997 y si bien, dicen que el tiempo cura las heridas, esta es de aquellas que cicatrizan pero siempre duelen cuando los recuerdos te vienen. Lo único, que puedo decirles en pocas palabras es que ella fue una mujer extraordinaria, en todo el sentido de la palabra. Y tambien fue bella, pues cuando mi papi se enamoró de ella le cambio el nombre, sí, pues mi abuela Elvira le puso Apolonia, pero él contaba que le decía Rosa desde que se enamoró de ella, porque era tan bonita como aquella flor y desde entonces se quedo con ese nombre Rosita por aquí, Doña Rosa por allá. 

  

Nunca olvidaré tu mano en mi cara,

días antes que te vayas.

Yo te estaba pidiendo perdón

por todas las tontas veces que alguna vez te reclamé

el por qué eras tan abnegada,

y es que realmente fuiste una santa.

 

Fue un domingo en la mañana,

el día estaba irónicamente hermoso,

totalmente soleado

cuando lágrimas de fuego recorrían mi rostro.

Dijiste “no llores hija” con tu voz débil y quebrada,

tocaste mi cara con la poca fuerza que te quedaba,

«no tengo nada que perdonarte», recalcaste.

 

Recuerdo esa insoportable mirada de despedida diaria,

tu rostro triste,

marcado por el dolor.

Dolor  que no merecías y

que no querías seguir sintiendo,

hasta que Dios te envolvió en sus brazos

llevándote a su lado.

Yo se lo pedí muchas veces “mami”,

porque no soportaba ver sufrir:

a una mujer que todo lo dio,

hasta de lo que no tenía,

todo, absolutamente todo,

por ver feliz a su familia.

 

Dicen que las personas mueren sólo cuando nos olvidamos de ellas.